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Sistema digestivo

Imagen de Anton Al en Pixabay

Todos los aportes de sustancias diuréticas, expectorantes, regenerativos hepáticos, oligoelementos y demás nutrientes que decimos en esta web no sirven de nada si no se pueden absorber. Y el encargado de esto es nuestro sistema digestivo.

Hambre

La digestión comienza en la boca. La absorción de nutrientes con nuestra dieta 85% vegetariana (si quieres saber porque es esa proporción pincha aquí) comienza por romper las fibras vegetales, las paredes celulares, donde se encuentran esos nutrientes. Se recomienda masticar entre 30 y 50 veces por bocado. Pareceremos una vaca y la comida se dilatará. Pero esto son todos beneficios. Además del aporte de nutrientes, le damos tiempo a los receptores de saciedad del estómago a que avisen al cerebro para dar la orden de saciedad.

Veréis, estos receptores son un poco lentos. Tardan unos 10-15 minutos en mandarnos la señal. Si comemos rapidísimo y copiosamente, a los 10 minutos lo que nos pasa es que estaremos llenos y tendremos una sensación de pesadez. Es decir, hemos comido tan rápido que al estómago no le ha dado tiempo de decir a nuestro cerebro que ya estamos saciados, para cuando lo hace ya es demasiado tarde.

Con la repetición de este acto nuestro cuerpo ensanchará el estómago poco a poco y cada vez nos costará más saciarnos. A parte, que como hemos hablado en la dieta alcalina aquí, las paredes celulares de los vegetales no la podemos digerir porque no tenemos la tecnología biológica para hacerlo. Como resultado tendremos el estómago lleno y habremos aportado menos nutrientes de los que hay.

Otro beneficio es que a realizar esto comemos mucho menos. Tan solo lo que necesitamos (aquí dependemos de cuanto hemos ensanchado el estómago a lo largo de nuestra vida con comidas copiosas, rápidas y habituales) y, por lo tanto, mantendremos esa línea. Si quieres retornar al estómago de antes deberás de quedarte siempre con hambre casi el mismo tiempo que llevas comiendo copiosamente y rápido. Normalmente el cuerpo es bastante sabio y lo que no usa lo disminuye o atrofia.

Lo que se suele hacer en caos extremos es ponerle un globo en el estómago o reducirlo cortándole un trozo. Estas operaciones intentan disminuir el tiempo en que el estómago le manda al cerebro la sensación de saciedad, simplemente porque está lleno antes sin haber comido tanto. El problema es que cuando te quitan el globo o si te reducen el estómago y no has cambiado el hábito, volverás a las andadas. Lo importante es cambiar para siempre la forma de comer.

Digestión

Imagen de LEEROY Agency en Pixabay

El estómago segrega ácidos que romperán los alimentos mientras se mueve para mezclarlo. También se concentraran extrayéndoles el agua. Por si no lo sabíais, la mayoría del agua se absorbe en el estómago.

Luego pasará por el duodeno —La primera parte del intestino— y el hígado segregará la bilis para disolver las grasas. El páncreas segregará sus jugos para romper las proteínas, el almidón y varios lípidos. A partir de aquí el bolo alimenticio pasa a ser absorbido por el resto del intestino.

Mis amigas las bacterias

El intestino, aparte de absorber los nutrientes del bolo alimenticio, es el hábitat de la flora bacteriana. Estos microorganismos juegan un papel fundamental. Ayudan a absorber oligoelementos como el magnesio, cinc, calcio, manganeso, selenio, etc; se encarga de extraer el agua para deshidratar las heces; produce aminoácidos y vitaminas esenciales, y además mantiene a raya a los microorganismos patógenos por simple competencia entre ellas.

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Por lo tanto, mantener esta flora bacteriana es vital. Para ello se utilizan dos compuestos: los probióticos y los prebióticos.

  • Los probióticos. Son alimentos que tienen microorganismos vivos y que nos comemos directamente para que se asienten en nuestro intestino. Normalmente los adquirimos nada más nacer y a lo largo de nuestra vida. Al nacer nos lo aporta los flujos vaginales, luego la leche materna y más tarde el contacto humano y con nuestro entorno. Ya que nuestro sistema digestivo es un ambiente anaerobio, es lógico pensar que las bacterias que se asienten allí deben de vivir en ese ambiente (sin oxígeno) y, por lo tanto, se encuentran en alimentos fermentados (no pasteurizados después de la fermentación, sino las matamos). Los yogures naturales, el kéfir, el jocoque o el chucrut las contienen en abundancia.
  • Los prebióticos. Son los alimentos necesarios para que los microorganismos crezcan. La flora intestinal utiliza mucho de nuestros nutrientes que también necesitamos nosotros, pero además utilizan otros no asimilados por nuestro digestivo, pero necesarios para la flora intestinal como son la inulina y las oligofructosas procedentes del reino vegetal. Pero no lo tienen todos los vegetales. Los que más tienen son: achicoria, cebolla, ajo, espárrago, puerro, alcachofas, diente de león, plátano, legumbres, patatas, boniatos, trigo, avena y cebada.

El final del camino

Los alimentos al final de su recorrido son deshidratados por el intestino grueso ayudado por la flora bacteriana. Pero a lo largo de nuestra vida muy posiblemente se crearán depósitos de heces adheridas en el intestino que provocarán fermentaciones no deseadas, úlceras, infección y septicemias en los peores casos.

Para evitarlo lo mejor es comer fibra, que si hacemos caso a la dieta que hemos hablado con anterioridad está más que solventado.

Algunos médicos recomiendan lavativas cada cambio de estación. Una vez cada cuatro meses. Si tenéis amigos gays sabréis que eso es muy frecuente entre ellos, pero esa frecuencia hace que el intestino grueso se irrite además de eliminar la flora bacteriana. En cualquier caso, se debe de utilizar una perilla, agua corriente y presionarla muy poco a poco.

Limpieza integra del digestivo

También existe un método para limpiar el intestino delgado, se llama shank prakshalana, se trata de ingerir una disolución salina que te produce diarreas, la limpieza termina cuando el agua sale del mismo color que como entra, transparente. Como podéis imaginar no es agradable y barre toda la flora intestinal, pero si tenéis algún problema de tóxico grave o algún asentamiento de microorganismo patógeno es posible que alguien lo necesite. Por decirlo de alguna manera, es un reseteo completo. Yo no lo he probado y si alguna vez lo quisiera hacer me pondría en manos de mi médico.

Desintoxicación casual

También está muy de moda el tema del consumo del carbón activado para la depuración del cuerpo. Parece que es un producto para desintoxicar absolutamente todo, es el dios de los desintoxicantes, pero no nos engañemos. El carbón activado por su porosidad y composición adsorbe en su estructura gran cantidad de moléculas tóxicas para nosotros, por eso se suele utilizar en caso de intoxicación. Pero hará lo mismo con los medicamentos y los nutrientes que estamos hablando. Además, estriñe bastante un consumo prolongado. Utilizar sólo en canso de intoxicación o envenenamiento.

En acuariofilia lo he utilizado bastante, se utiliza por ejemplo para eliminar el medicamento que se le echa al acuario una vez finalizado el tratamiento.

Yo lo tengo en mi casa por si alguna vez me como algún marisco en mal estado o algo así. Tened en cuenta que el carbón activado debe de estar en contacto con el tóxico para que lo pueda adsorber. Es decir, no es un medicamento que actúa a nivel corporal para sentirnos mejor tipo paracetamol o ibuprofeno, sino que debe de estar en contacto directo con el tóxico para que el carbón pueda incorporarlo en su estructura molecular y no pueda afectar al cuerpo.

Si quieres saber como se distribuyen los nutrientes en nuestro cuerpo pincha aquí para ir al siguiente nivel.

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